Uno de los personajes políticos de la Argentina que considero más nefastos y, a la vez, de los que menos se habla es, sin dudas, Elisa Carrió. Una mujer que en su momento llegó a ser inclusive candidata a la presidencia.

Quiero dejar algo claro: en mi opinión, dicha persona representa en gran medida aquellas críticas fundamentales que se le hacen a la política tradicional. Cuestiones tales como haber vivido casi exclusivamente de la política o haber hecho cambios de bando y boicots a sus propios partidos. Pero es que, además, ni siquiera fue capaz de consolidarse en una oposición genuina para lo que en su momento fue elegida para encabezar las listas para la presidencia.

Trataré, por ende, en este artículo de hacer un breve recorrido histórico de su carrera política, explicando lo grave de varios puntos para que se tome un poco más de magnitud del problema que esta mujer representa. Esta historia comienza en 1994, cuando fue electa convencional constituyente para la reforma constitucional de aquel momento. Sin embargo, no hay ningún dato especialmente relevante más allá de ese y de que, gracias a tal participación, obtuvo mayor relevancia en el ámbito nacional para luego desempeñar el resto de su carrera.

El primer asalto en su historia aparece en el 95, al ser electa diputada nacional por el Chaco, permaneciendo en el cargo hasta el 2003. Debemos aclarar algo, además, donde inician los actos de esta persona que me hacen considerarla poco grata a mis estándares. Y es que la misma en este momento era parte de la Unión Cívica Radical, de la cual tampoco soy un gran defensor. No obstante, no por eso voy a defender que se boicoteen los planes de un presidente como De la Rúa, el cual tampoco es de mi agrado, ya sea por intereses políticos, por desconocimiento o por ser incapaz de doblegar las ideas propias en pos de un bien mayor que abarca millones de personas.

Esto empieza de la siguiente manera: De la Rúa había propuesto concederle al Ministerio de Economía, en aquel momento encabezado por Domingo Cavallo, una serie de denominados superpoderes para poder enfrentar la crisis que existía, todo esto mediante la Ley de Competitividad. Es aquí donde inician los problemas. Ya antes López Murphy había hecho una larga serie de propuestas de cuestiones que se debían hacer durante su mandato en el Ministerio, las cuales se le fueron sistemáticamente negadas y él mismo terminó por renunciar, siendo hasta el día de hoy el lapso de un ministro de Economía más corto en la historia. Aquí entra en escena Carrió, la cual proponía una serie de cuestiones muy similares a las de su predecesor, con la diferencia fundamental de que este contaba con una imagen positiva en la población muy grande hasta ese momento.

Es aquí donde De la Rúa plantea concederle estas cualidades para poder hacer frente a la crisis que enfrentaba la Argentina. A pesar de esto, varios grupos dentro del radicalismo se opusieron y uno de los más fuertes era encabezado por nuestra protagonista. La cual, si bien yo entiendo tenga escasos conocimientos sobre economía y, por supuesto, no defiendo que vote todo lo que busca su presidente, de ahí a generar una división interna y limitar profundamente una ley hasta dejarla en términos prácticos inútil hay una gran diferencia.Pues el proyecto original le atribuía al Ministerio de Economía capacidades como modificar las leyes laborales, determinados códigos de fondo, privatizar empresas y disminuir el tamaño del Estado.

Sin embargo, el Congreso terminó por modificar en una gran cantidad de aspectos la ley, siendo muchos de estos propulsados por Carrió, como pueden serlo la prohibición de modificar leyes laborales y previsionales, la prohibición de privatizaciones por decreto o la exclusión de las exenciones impositivas discrecionales. Además de que forzó a que se votaran antes cuestiones como el impuesto a los débitos y créditos bancarios (impuesto al cheque) antes que el proyecto, el cual, como resulta evidente, era requerido con urgencia.Dejo adunto el link al libro donde Carrió expresa todas sus opiniones sobre esta ley:Mi Legado Político: Libro 3 – 1999/2003 – Elisa Carrió Autora y Editora.

Esto en gran medida provocó que las capacidades del Ministerio se volvieran inútiles para enfrentar la crisis. Sumado a ello, el Congreso dividido generó que fuese imposible avanzar con las reformas pertinentes.

En medio de todo este proceso, Carrió aprovechó para aliarse con otros políticos de ideas similares a las suyas, es decir, las comúnmente llamadas centroizquierdistas o izquierdistas. De esta manera terminó por fraccionar la alianza y la UCR, formándose la Coalición Cívica. Dicho proceso, que si bien terminó por perfeccionarse entre los años 2002 y 2003, ya había iniciado durante el año 2001, en plena crisis, lo cual evidentemente no ayuda en nada a enfrentar una situación como la que se tenía.

Otro evento a mencionar es el momento en el cual se da el escenario electoral donde Carlos Menem y Néstor Kirchner deberían ir a un balotaje, siendo que la cabeza de la Coalición Cívica decidió comunicar públicamente que votaría a Néstor Kirchner, acusándolo de ser «el mal menor».

Lo más grave aquí es que tal posición dejó al kirchnerismo naciente como una fuerza con total hegemonía, sin un opositor fuerte y, sobre todo, sin un contrapeso interno. Todo esto, aclaro, según mi parecer, por el orgullo de la señora Elisa, de no apoyar a Carlos Menem, quien, si bien nuevamente no es alguien que sea santo de mi devoción, es indudablemente preferible al kirchnerismo. E inclusive, para el caso de Carrió, siendo el kirchnerismo una rama progresista del antiguo peronismo, hubiese tenido sentido que apoyara a dicho partido proponiendo una alianza. Siendo que en tal caso por lo menos hubiese podido generar una especie de contrapeso interno, pero tampoco lo hizo.

Luego de esto fue candidata a presidente en 2003, 2007 y 2011, en los tres casos con posturas que podríamos decir tanto económica como socialmente similares al kirchnerismo, pero sin el peso político del mismo. Por lo cual no generaba ni una alternativa real ni, en caso de hacerlo, iba a ser genuinamente un cambio respecto a aquel momento frente al Frente para la Victoria. Es cierto que tenía diferencias, esto es innegable, pero ni de cerca representaba la vuelta al timón que traían a colación otros como Ricardo López Murphy. Aunque, para no ser injustos, es cierto que en aquellos años existían pocas alternativas, por no decir que eran casi inexistentes, que propusieran una economía ortodoxa o liberal.

Pero quizás la última gran obra de Carrió es su incorporación en Cambiemos. Puede ser que en su momento haya dicho «Macri es mi límite, haciendo referencia a que no se aliaríacon el mismo. Acto seguido, formó parte del mismo espacio que en aquel momento

encabezaba el jefe de Gobierno. Y uno podría llegar a decir que esto fue positivo porque,

gracias al apoyo entregado, se consiguieron votos valiosos para ganar luego el balotaje

frente a Daniel Scioli. Dicha cuestión es innegable. Ahora bien, de nada sirve si luego,

dentro de la propia coalición, nuestra protagonista se encargó de presionar y frenar

proyectos y medidas que se necesitaban para cumplir con los objetivos del Gobierno, como

ya había hecho previamente con De la Rúa. Por ejemplo, en 2016, cuando presionó

públicamente al Gobierno por determinadas políticas tributarias y económicas, como el

impuesto a las ganancias.

Cabe aclarar algo: Carrió en ninguno de los dos casos fue la única responsable. Por

supuesto que existían otros divisores internos en ambas coaliciones. Ahora bien, es cierto

que fue parte y una de las figuras más relevantes dentro del partido.

Esto quiere decir, hablamos de alguien que es incapaz de resignar sus propias ideas y que

es capaz de poner todos los palos en la rueda posibles al no ser capaz de trabajar en

coalición y entender que en ningún momento en los que formó parte de alguna fue la más

importante. Y, a pesar de esto, siempre tomó una postura inflexible. Es esta incapacidad

para negociar de forma óptima en las coaliciones que ha conformado la que nos hace

pensar que el problema es ella, ya sea por una falta de diálogo político, la posibilidad de que

posea un ego de un tamaño considerable o alguna otra característica.

Luego de esto existen más intervenciones; sin embargo, ya no tienen ni el mismo peso ni

trascendencia que en los años anteriores, por suerte. Otras cosas a mencionar son que

previamente trabajó en la política, fue funcionaria pública en el sector judicial y docente

universitaria en la Universidad Nacional del Nordeste. Contando con muy escasos años de

servicio en el sector privado, en consecuencia, podríamos decir que su CUIL tiene pocas

manchas.

Antes de cerrar el artículo, agradecer formalmente al lector por su atención. Espero que

haya disfrutado el mismo y que pueda opinar sobre el mismo y su protagonista. Hago la

aclaración, a su vez, de que no critico a Carrió por ser Carrió; critico su accionar como

ejemplo de aquello que tanto se repudia de la política tradicional. Siendo que me es

especialmente molesto cómo muchos la ponen como distinta al peronismo/kirchnerismo

cuando cuenta con vicios muy similares a los representantes de dicho sector.

Sin más que agregar, muchas gracias.», haciendo referencia a que no se aliaríacon el mismo. Acto seguido, formó parte del mismo espacio que en aquel momento

encabezaba el jefe de Gobierno. Y uno podría llegar a decir que esto fue positivo porque,

gracias al apoyo entregado, se consiguieron votos valiosos para ganar luego el balotaje

frente a Daniel Scioli. Dicha cuestión es innegable. Ahora bien, de nada sirve si luego,

dentro de la propia coalición, nuestra protagonista se encargó de presionar y frenar

proyectos y medidas que se necesitaban para cumplir con los objetivos del Gobierno, como

ya había hecho previamente con De la Rúa. Por ejemplo, en 2016, cuando presionó

públicamente al Gobierno por determinadas políticas tributarias y económicas, como el

impuesto a las ganancias.

Cabe aclarar algo: Carrió en ninguno de los dos casos fue la única responsable. Por

supuesto que existían otros divisores internos en ambas coaliciones. Ahora bien, es cierto

que fue parte y una de las figuras más relevantes dentro del partido.

Esto quiere decir, hablamos de alguien que es incapaz de resignar sus propias ideas y que

es capaz de poner todos los palos en la rueda posibles al no ser capaz de trabajar en

coalición y entender que en ningún momento en los que formó parte de alguna fue la más

importante. Y, a pesar de esto, siempre tomó una postura inflexible. Es esta incapacidad

para negociar de forma óptima en las coaliciones que ha conformado la que nos hace

pensar que el problema es ella, ya sea por una falta de diálogo político, la posibilidad de que

posea un ego de un tamaño considerable o alguna otra característica.

Luego de esto existen más intervenciones; sin embargo, ya no tienen ni el mismo peso ni

trascendencia que en los años anteriores, por suerte. Otras cosas a mencionar son que

previamente trabajó en la política, fue funcionaria pública en el sector judicial y docente

universitaria en la Universidad Nacional del Nordeste. Contando con muy escasos años de

servicio en el sector privado, en consecuencia, podríamos decir que su CUIL tiene pocas

manchas.

Antes de cerrar el artículo, agradecer formalmente al lector por su atención. Espero que

haya disfrutado el mismo y que pueda opinar sobre el mismo y su protagonista. Hago la

aclaración, a su vez, de que no critico a Carrió por ser Carrió; critico su accionar como

ejemplo de aquello que tanto se repudia de la política tradicional. Siendo que me es

especialmente molesto cómo muchos la ponen como distinta al peronismo/kirchnerismo

cuando cuenta con vicios muy similares a los representantes de dicho sector.

Sin más que agregar, muchas gracias.