*Por Bautista Müller Williman

Uno de los símbolos políticos más utilizados por quienes se hacen llamar comunistas es, sin dudas, el Che Guevara. Guerrillero socialista argentino que defendió al castrismo desde que era simplemente un movimiento golpista y que llegó, inclusive, a pronunciar un discurso tristemente célebre en Naciones Unidas. Siendo que hasta el día de hoy, habiendo pasado ya décadas desde su muerte, se lo sigue llamando revolucionario.

Sin embargo, discrepo fuertemente de estas afirmaciones, pues más que revolucionario yo preferiría tacharlo como un auténtico asesino cuyos crímenes presentan características semejantes a las de los denominados como de lesa humanidad. El motivo de esto es el mismo por el cual digo que su discurso en la ONU es tristemente célebre.

Como verá el lector, este es uno de esos artículos donde mi tono es combativo, por lo cual, si espera un lenguaje técnico, desde ya le advierto que no será así. Buscaré explicar, a partir de un párrafo extraído directamente de la presentación del Che frente a la Asamblea General de Naciones Unidas, por qué digo que es, en definitiva, un asesino.

La frase en cuestión es la siguiente, y cito de forma textual:
«Nosotros tenemos que decir aquí lo que es una verdad conocida, que la hemos expresado siempre ante el mundo: fusilamientos, sí, hemos fusilado; fusilamos y seguiremos fusilando mientras sea necesario. Nuestra lucha es una lucha a muerte». (Ernesto Guevara, 1964)

Vamos por partes. Primero, estamos hablando de que directamente se confiesa el asesinato de individuos. No solo eso: se dice que se seguirá haciendo en el futuro sin ninguna clase de remordimiento. Ahora bien, deberíamos preguntarnos directamente entonces quiénes serían exactamente los sujetos a los cuales se fusilará.

Pues es cierto, existe gente que se encuentra a favor de la pena de muerte. Si bien yo puedo estar en contra, comprendo que para ciertos individuos esto podría ser perfectamente viable y natural, por lo cual, si se estaría cometiendo entonces un crimen que lo amerita bajo un esquema de pensamiento según el cual la pena capital es viable, podríamos inclusive llegar a justificar esta frase. Y es que la realidad es que el crimen tan enorme del cual se habla es simplemente no apoyar al Partido Comunista.

Cuando uno ve esto, genuinamente se pregunta cómo muchas personas pueden llenarse la boca hablando de distintos ataques a grupos por su ideología, los cuales, lógicamente, cualquier persona debería oponerse, pero en simultáneo se defienden estas cosas. Aquí deberíamos preguntarnos si es que acaso lo que se discute muchas veces son las muertes por sí acaso el foco va hacia quién la realiza.

Que alguien me explique, si no, cuál es la diferencia entre que el Estado argentino, el Estado alemán o el Estado italiano maten a una persona por no estar a favor del régimen o que lo haga el régimen cubano. En todos los casos es un horror y constituye, sin lugar a dudas, un crimen que debe ser penado. Pero muchos justifican o restan importancia a las muertes que le podemos adjudicar a los Castro y a Guevara porque ellos lo hacían por la Revolución y por el
pueblo, argumento que también utilizaron, por ejemplo, los militares en Argentina cuando hablaban de terminar con la subversión.

Lo peor es que muchas veces estos individuos parecen atribuirle un factor cuantitativo a la gravedad de los asesinatos. Como si, en vez de matar 1 millón de personas, matar a 1000 estuviese bien. Como ocurre en Argentina cuando se dice «fueron 30.000», «no fueron 10.000», «no fueron 10.000», «no fueron 30.000». Así haya sido un único individuo, se está hablando de que, desde el monopolio de la violencia, cuyo único objetivo supuestamente es garantizar la seguridad de los individuos, se le quitó la vida a alguien por estar en contra de los ideales del régimen.

Vamos a suponer, para este siguiente ejemplo, que únicamente asesinó a una persona y todo el régimen cubano únicamente tiene una única muerte que se le puede adjudicar con total y absoluta seguridad. Nos estamos refiriendo a que, desde el Estado, con el monopolio de la violencia, se utilizaron las herramientas a disposición del Gobierno para quitarle las garantías y derechos naturales a un individuo, a fin de poder no simplemente quitarse un opositor de encima, sino además dar ejemplo para todos aquellos que se les ocurra hacer lo mismo. Desde ese momento, el Estado, no entendido como monopolio y la violencia, por el contrario, el Estado entendido bajo la óptica del contrato social, donde su función es garantizar la seguridad a los ciudadanos, bajo esta perspectiva el Estado se ha vuelto ilegítimo y, por ende, los ciudadanos pasaron a estar bajo el yugo de un tirano.

Otro problema del discurso es que, al hablar de una continuidad en los fusilamientos, tanto en el antes como en el posterior al mismo, nos estamos refiriendo a una sistematización, una política de Estado según la cual el opositor deberá ser exterminado. Algo propio de los crímenes de humanidad, si bien es cierto que este argumento queda muy endeble por sí mismo. Ahora bien, cuando nos ponemos a revisar que se crearon campos de trabajo, como, por ejemplo, el de Guanahacabibes, establecido por el propio Guevara, y los UMAP, entendemos que, en definitiva, podríamos referirnos, por lo menos, a características que recuerdan a las de otros Estados que perpetraron crímenes de estas características.

Siendo que debemos agregar, no se llevaron únicamente a estos lugares a opositores, sino también a religiosos y homosexuales. Religiosos por la idea comunista del ateísmo de Estado, según la cual la religión es el opio de las sociedades, esto a pesar de que el comunismo, en definitiva, es una religión, pues demanda la creencia universal en unos principios preestablecidos, la no adherencia a ningún otro tipo de religión y un sistema de cuestiones que se deben hacer, pues, si no, serás castigado, no en el más allá, sino por parte de tu propio Estado, ya que no existe nada después de la muerte. Por el lado de los homosexuales, resulta curioso que hoy los comunistas se hayan abanderado de la comunidad LGBTQ+.

Con lo anteriormente expuesto, ahora definamos crimen de lesa humanidad, el cual puede describirse como un crimen o acto inhumano grave cometido como parte de un ataque generalizado o sistemático dirigido contra una población civil.
Por ende, como lo dijimos antes, los encarcelados eran opositores, religiosos y homosexuales. Seamos sinceros: ¿cuántos de estos genuinamente podrían haber estado enlistados en el ejército y luchar directamente contra el régimen? Eso como punto uno. Luego, el hecho de que en estos campos se hiciese trabajo forzoso, además de fusilamientos: ¿qué tan humano es genuinamente?
Y tercero, nos estamos refiriendo a un conjunto generalizado de individuos cuya única característica en común es no compartir o no alinearse plenamente con los ideales del Gobierno comunista.

Dígame si acaso no hay, por lo menos, una mínima semejanza entre la definición de crimen de lesa humanidad y los actos perpetrados por el castrismo.
A esto agreguemos algo: Fulgencio Batista estuvo en el poder durante 11 años y se le llamó dictador por esto. Por su parte, Castro mantuvo el poder por 47 y siguió siendo un revolucionario, ícono del comunismo en toda América Latina y el mundo. Nos damos cuenta nuevamente de que quienes defienden a Castro no les molesta el tiempo que estuvo Batista, sino el mero hecho de que no coincidían con él. Si a ti te hubiese sido un comunista, no lo hubiesen criticado en lo absoluto. Y si Castro fuese un capitalista, por más liberal que fuese y por más respeto a los derechos individuales que este hubiese presentado, jamás se le hubiese dado el apoyo que se le dio por parte de los comunistas.

Y claro, nuevamente, yo aquí no estoy discutiendo la bondad de Batista, tampoco estoy poniendo en tela de juicio la gravedad de otros regímenes asesinos no comunistas. Muy por el contrario, les doy la misma gravedad que le dan los defensores del castrismo. Lo que cuestiono es la doble vara, según la cual no se le puede adjudicar el mismo nivel de gravedad a los muertos del comunismo que a los de los no comunistas.

Aquí agradezco fuertemente al lector por su atención. Espero que, si disfrutó el artículo, deje su opinión en los comentarios, en la cual siempre será bienvenida sin importar desde qué parte del espectro político venga.

Y, nuevamente, muchas gracias.